La comida forma una parte esencial de nuestra vida en el día a día.

Gran parte de esta se va mientras comemos. Tenemos desayuno, almuerzo, cenas, meriendas… en general, vivimos para comer.

Sin embargo, te has preguntado:

¿Qué ocurre cuando toda esa comida que ingeriste entra en tu organismo?

El aparato digestivo y su función básica

Nosotros comemos por una razón: para aportar energía a nuestro cuerpo y que pueda funcionar de la mejor manera.

Al momento de comer, nuestro organismo transforma esos alimentos en nutrientes a través de la digestión.

Para que se pueda dar esta transformación de alimentos a nutrientes y finalmente energía, los alimentos dan un recorrido por el aparato digestivo.

Este se compone de seis partes principales en el siguiente orden: boca, faringe, esófago, estómago, intestino delgado y grueso.

No obstante, hay unas subpartes que hacen juego con el aparato digestivo, los cuales se explican a continuación:

Partes del aparato digestivo

La boca

Partiendo de esta área, la boca no hace más que permitirnos introducir la comida, que la podamos masticar y tragar.

Después de ello, finalmente los alimentos pasan a la próxima parte, la faringe.

Pero… es importante destacar que la boca viene acompañada de los dientes, la lengua y las glándulas salivales, o mejor dicho la saliva.

Sin estos elementos no se pudiera dar proceso de masticación.

La saliva ayuda a ablandar los alimentos, los dientes permiten triturarlos y hacer pedazos muy pequeños.

Por último, la lengua hace que se fusionen estos bocados con la saliva hasta hacer el bolo alimenticio.

La faringe

Una vez que está listo el bolo alimenticio, pasa por la faringe.

Este básicamente es un tubo pequeño que está a la altura de nuestro cuello, el cual permite que los alimentos simplemente pasen, pero, está dividido en dos partes.

La faringe se asemeja mucho a una casa con puertas dobles que conecta a distintos sitios, esto funciona así…

Al tragar, la lengua hace que la puerta del aparato respiratorio se cierre.

Esto autoriza que se abra la puerta del aparato digestivo, y como portero de un local, hace que los alimentos pasen directamente hacia el esófago.

El esófago

No es más que un tubo largo fuerte, pues es un músculo, que hace que el bolo alimenticio atraviese todo el tórax, el inicio del abdomen y diafragma.

Es una autopista en vía recta que mide alrededor de los 20 centímetros dependiendo de cada persona.

Por lo que los alimentos bajan llegando al esfínter, otra puerta que evita que ciertas sustancias del estómago pasen.

El esfínter que queda en la zona inferior del esófago se relaja al sentir alimentos y hace que estos lleguen al estómago.

El estómago

Este órgano permite procesar los alimentos a través de los jugos gástricos, que se componen de ácidos y enzimas.

Se ubica en la parte superior izquierda de nuestro abdomen, un poco en la parte baja de nuestras costillas.

Cuando comemos, este se ensancha o expande aumentando su capacidad de retención de alimentos, similar a cuando inflas un globo.

Esto varía dependiendo de cada persona y sus hábitos alimenticios.

Nuestro bolo alimenticio es diluido y forma una masa o pasta, que se le da el nombre de quimo, que cuando está lista pasa por el duodeno.

Este no es más que otra puerta que conecta con el intestino delgado.

El intestino delgado

Ahora viene el recorrido más largo en cuanto a distancia, el que ocurre en el intestino delgado, donde sucede la mayor parte del proceso digestivo.

El intestino delgado mide entre seis y siete metros de largo, y se estima que el proceso de digestión tarda entre cuatro a seis horas.

Para que el quimo se transforme finalmente en nutrientes, necesita de la ayuda de dos grandes glándulas, el hígado y páncreas.

Estas segregan dos sustancias primordiales, la bilis y la insulina, que permiten que se procesen los azúcares y las grasas que hemos consumido.

De este modo las paredes del intestino delgado tienen oportunidad de absorber tanto el agua como los nutrientes.

Estos serán distribuidos por todo el cuerpo a través de la sangre.

El intestino grueso

En este tubo entra aquello que desechó el intestino delgado y no pudo procesar más.

Cuando estos restos líquidos entran, el intestino grueso aprovecha para absorber agua, minerales y algunas vitaminas como la B12 y K.

El intestino grueso tiene distintas secciones, pero es en la última sección, en el recto, donde los desechos se vuelven sólidos y expulsamos en forma de heces por el ano.

Curiosidad: el intestino grueso mide casi dos metros, pero los desechos pueden tardar desde 15 horas hasta tres días y medio, hasta finalmente ser expulsados, según el sistema de cada persona.