Todos hemos oído hablar de ellos, y es muy probable que ya sepamos lo que son. Los años bisiestos son años que tienen un día más de lo normal. En lugar de tener 365 días, tienen 366, y se dan una vez cada cuatro años.

Pero, ¿sabes por qué existen?

El calendario que tenemos actualmente se originó en la época de los romanos, y de hecho empezó teniendo solo diez meses, porque atendía a las fases lunares y a la primavera como inicio del año.

Aunque este no ha sido un calendario fijo desde su creación. A dicho calendario romano tuvieron que añadirle dos meses más, para evitar que se produjese un desajuste con respecto a las estaciones, y asi fue cómo acabó teniendo los doce meses que tiene en la actualidad. Pero las estaciones seguían descuadrándose con respecto a los meses.

En el año 46 a.C, Julio César decidió encomendar a un astrónomo llamado Sosígenes la tarea de cuadrar el calendario con las estaciones de manera exacta. Y Sosígenes llegó a la conclusión de que el tiempo exacto que tarda la Tierra en dar una vuelta alrededor del sol es de 365 días y 6 horas.

Había que meter esas 6 horas en algún sitio. No podían ignorarse simplemente, o llegaría un momento en el que tendríamos el verano en diciembre, y el concepto de estaciones ya no estaría ligado a unos meses en particular.

La manera de arreglar dicho desajuste fue, sencillamente, volver a sumar el día perdido una vez cada 4 años, con el nombre de bis sextus dies ante calendas martias.

De modo que a los años con este día extra, se les conocía como año bissextus. Este nombre ha pasado a nuestra lengua actual como año bisiesto.

¿Por qué un día cada 4 años?

Porque si multiplicamos las 6 horas que sobran de cada año, y las multiplicamos por cuatro, tendremos las 24 horas que dura un día.

Ese día es el que agregamos al mes de febrero (que fue elegido por ser el mes más corto) y de esta manera hemos recuperado el día perdido.

¿Y de verdad son 6 horas exactas?

Pues en realidad no, dicho calendario no era del todo exacto.

Sosígenes, con las herramientas existentes en su época, no pudo calcular la duración de un año de manera precisa.

Más tarde, se calculó que cada vuelta de la Tierra alrededor del sol dura exactamente 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45,25 segundos. Once minutos menos de lo que había dicho Sosígenes.

Esto implica que el calendario Juliano (establecido por Julio César) seguía siendo inexacto, y allá por el año 1582 el Papa Gregorio XIII decidió realizar un ajuste adicional, que sería no contar como bisiestos los años divisibles entre 100, pero sí los divisibles entre 400.

Puede parecer que esto sea un tanto complicado, pero a lo largo de la historia, ha sido la manera más acertada de arreglar este desajuste sin tener que rehacer todo el calendario, y así seguir con el orden establecido de la relación entre meses y estaciones.

El calendario actual se denomina calendario Gregoriano, en honor al Papa Gregorio XIII.